martes, 13 de enero de 2009

Gabinete de crisis...

Joer, con lo exageraditos que son los madrileños y que no se me haya pegado nada en estos siete años...
El domingo salía yo de Cuenca city con un sol de justicia y casi (cuidao que he dicho casi) con calorcillo. También es verdad que iba yo ligera hacia la estación de buses que no quería perder el bus. Más bien no quería perder el billete, que sacar otro cuesta dinero, lo de haber perdido el bus si no me hubiese costado dinerillo, pues me habría dado igual.
El caso, que como en Cuenca hacía sol y una no tiene miedo ni al frío ni a la nieve, decidí descargar un poco la maleta (porque también llevaba el portatil y una tiene cierto riesgo de contracturas hiperdolorosas en el cuello y no es conveniente cargar mucho peso) y saqué las botas de montañana y me las dejé en casa...
Y hoy, va el mundo y se pone en contra mía y... Zasca! Me sisomo por la ventana y me encuentro esto!!!!!!!!!!!!!!!!!! Vuelve a nevar!!!!!!
Y me estoy poniendo nerviosa, porque yo nunca he estado in situ en una ciudad con gabinete de crisis activado... Y eso, da miedito, no? A mí me da miedito.
Quiero a mi mamaaaaaaaaaaaaaa y a mi papaaaaaaaaaaaa... Jopé! =_(
¿Qué me van a hacer estos madrileños malos?
En fin, lo peor de todo es que yo soy una desgraciaica y aún más, eso se me junta con que soy torpe y que la gravedad se ceba conmigo siempre y me atrae de unas maneras escandalosas... Así que seguro que me rompo una pierna, porque con las zaptillas seguro que todo escurre bajo mis pies. Jopeeeeeeeeeee! Me voy a caer!
Por lo menos el mundo podría hacerme un guiño y que vuelvan a cortar las salidas de Alcobendas city y no puedo ir a clase... No?
De ilusión también se vive y por ahora me quedo con la ilusión de que no me voy a romper una pierna... Joi!!!

Habemus medicus (segunda parte)

Sí, he tardado un siglo en contestar, pero Roma no se hizo en un día y en honor a donde nos encontramos...

El caso es que, como iba contando, estábamos en el auditorio del vaticano y un señor nos obligó a sentarnos. En tres minutos salían por una puerta dos señores muy graciosos con trajes a rayas bicolores y unas lanzas de dos metros acabadas en puntas oxidadas que no hacían tanta gracia. Eran dos guardias suizos que se cuadraban a ambos lados de un silloncito rojo que valía más que mi cabeza segurisimo.
Total, que cinco segundos después se vuelve a abrir la puerta y sale un bultito blanco con las manos en alza saludando al personal... Y el auditorio se viene abajo, cual concierto de los rollings. Y aparece su Santidad. Y la gente grita, llora, grita más, le cantan en vaya usted a saber qué idioma... Y los mexicanos de mi lado le gritan cosas como: "La Virgen de la Guadalupana le guarde en su salud muchos años!" y demás.
Así que el Papa va y se sienta. Y salen señores a leer el evangelio en unos seis o siete idiomas. Y to el mundo callao, aunque no entendiesen lo que decían los señores, seguían llorando...
Y en estas que acaban de leer los señores y el Papa se pone a hablar. Y le da por hablar en italiano al señor. Y se le olvida vocalizar. Y yo dejo de entender "ni papa".
Me doy cuenta que el Papa, va pa largo y que se va a recrear en todo lo que diga, y como no entiendo nada, desconecto del mundo... Hasta que de repente, la chica del asiento de delante mía, que justo conincide con la insensata con la que me he ido a Roma, levanta los dos brazos y agita las manos. Y me da un vuelvo el corazón y en dos milisengudos pasa por mi cabeza cómo las dos mil personas con pistola que había ahí dentro la encañonan y yo pido clemencia y digo que es una enferma mental y que justo le han dado permiso para ir a ver al Papa porque era la ilusión de su vida y sólo le quedan dos meses de ésta.
Eso sí, me da tiempo a darle una colleja y decirle qué que cohones estaba haciendo! Y se da la vuelta sorprendidísima por mi increpancia y me dice, como lo más normal del mundo: "Joer, que estaba a ver si salíamos en la pantalla grande por si luego me puede ver mi madre en la tele". Y a mí me da el primer ataque de histeria de mi vida en el Estado Vaticano. Eso sí, los dos siguientes atacas no tardaron en llegar.
Concretamente, el inmediatamente siguiente tardó cinco minutos en llegar. Coincidió con que a Espe le entró el pánico supremo y decidió que teníamos que salir de un auditorio con 12.000 personas en medio de un comunicado del Papa. Y ni corta ni perezosa, se pone de pie y se va hacia la salida. Y claro, detrás de ella, se levanta una muchacheja agachando la cabeza e intentando aparentar 25 kilos y 60cm de estatura para ver si así no la encañonaba nadie con una pistola. Y me dice la otra: "Está to pensao, vamos a hacer la tres catorce". Y yo tiemblo. Porque cada vez que hacemos la tres catorce pasa algo. Y pasó, vaya que si pasó...
A la altura del pasillo por el que habíamos entrado y con seis mil personas por delante y seis mil a nuestra espalda, intentando alcanzar el primer punto de la salida dle auditorio, nos echan el alto dos gorilas con pinganillos en la oreja... A la mierda la tres catrorce. Pero no, la tres catorce empezaba en ese mismo momento. Ahí iba, Espe con la marca de la boina en la cabeza preguntando inicentemente: "¿Tualets plis?" en un perfecto inglés de Burgos. Los gorilas se relajan y señalan escaleras abajo amablemente. Pero claro, la salida era por detrás de las escaleras, no bajándolas...
Pero ahí estaba Espe la intrépida, agarrándome de la mano y haciendo la tres catorce en su versión más primitiva. Y lo intenta. Intenta irse por detrás de las escaleras hacia la salida. Y en menos que os lo estoy contando, saltan los dos gorilas como si en vez de seguratas fueran gráciles bailarinas del circo del sol y nos acompañan hasta las escaleras y nos dicen: "Abajo". Y a mí ese abajo, me sonó igualito que el que pronunciaba Julio César en el Coliseo (que habíamos visto el día de antes) cuando un gladiador iba a ser entregado a los leones hambrientos... Y quise llorar.
Así que bajamos al baño, que ya que estábamos, usamos. Y allí, en una mesa frente a los baños, dos policias más... Uno de la polizia nazionale de Italia y otro de la poli del Vaticano. Eso sí, nunca he podido decidirme sobre cuál de los dos estaba más bueno.
Y ahí en la puerta del baño, con más pistolas por metro cuadrado que en las fabelas brasileñas, Espe segía convencida con llevar a cabo la operación tres catorce y salir del auditorio mientras el Papa se dirigía a doce mil personas (menos dos, claro). Y no se le ocurre otra cosa, mientras me asegura que nos vamso de allí, que estornudar mientras sale por la puerta. Y, muy educadamente, los dos policias nos dicen: "salud". Y una que es muy educada les da las gracias. Y una que es muy educada y no de piedra, se queda mirándolos con sonrisa de estúpida en la cara... Y nos preguntan... "Dónde vais?". Y ya les preguntamos por la salida y que cómo salíamos de allí. Pero claro, no entendían nada, y no por culpa del idioma, si no porque la gente hace cienes y cienes de horas de cola para estar dónde estábamos nosotras y para entrar a ori al Papa y nosotras queríamos salir de allí... Ojú! Qué excusa poner? Fácil y sencillo! Se me ilumina la bombilla (aunque luego pensé que igual no era la bombilla si no la luz al final del tunel que anuncia la muerte) y les digo que necesito una farmacia. Pero claro, en el Vaticano hay miles de millones de euros en obras de arte, pero no tienen farmacia. Más que nada porque no les cabe. Así que nos dicen que para encontrar una farmacia hay que salir del Vaticano y poner los pies en territorio romano. Les insisto en que no, en que necesito la farmacia ya y por eso nos tenemos que ir. Pero los italianos son muy curiosos (sólo hay que ver a Giovanni Ranna que hasta que no saca una pasata rellenda de insensateces no para) y me dice que para qué necesito una farmacia con lo buena que estoy (esto último no sé si lo traduje bien, tuturú turú...) y no se me ocurre nada más que enseñarle el brazo, donde llevaba una picadura de mosquito que me había dado alergia por loq ue parecía que vivía un campo de enanos dentro de mi brazo.
Claro, los pobre policías pensaron que era una leprosa en busca de la salvación y la curación a manos del Santo Padre y tuvieron a bien de desplegar el protocolo de emergencia. Activaron los pinganillos y los walkie-talkies y apareció el paln de emergencia. De lo que dijeron sólo alcancé a entender "ragazza" y "doctore". El que a Espe le cambiara la cara de color, se pusiera pálida y se le salieran los ojos de las órbitas me aclaró algo más la traducción.
El protocolo de emergencia se llamaba (y era) Máximo. Un segurata de tres por cuatro con pinga y brazalete del Vaticano. Me preguntó qué pasaba y yo, como no podía contestar nada porque se me había desencajado la mandíbula y porque me daba miedo que la cara de Espe pasase de la palidez a la sed de venganza, pues sólo le enseñé el brazo y la picadura de mosquito. Y Máximo se llevo las manos a la cabeza, sin doblar mucho el codo porque le hubiera reventado el brazo. Y sólo hizo dos preguntas: "Alergia?" a lo que yo respondí moviendo la cabeza de arriba a abajo y cerrando lso ojos por si decidía acabar con el problema mediante la amputación. Lo segundo que preguntó y repitió unas ciento catorce veces fue: "Puedes respirar? Te ahogas?" a loq ue yo respondí respirando tan fuerte que casi ronco y diciendo: "No es nada, todo bien. Puedo respirar mucho, mucho, mucho". Pero Máximo ya había empatizado totalmente conmigo y mi alergia. Y me agarró del brazo y me dijo que lo acompañara mientra me indicaba cómo respirar como si en vez de alergia tuviera contracciones cada quince segundos... Le dije que estaba bien y que no hacía falta, pero Máximo sentenció: "Tranquila, respira. Doctore" y algo más que no pude traducir porque me llevaba del brazo hacia una puerta semi oculta.
Me giré y vi cómo Espe había cambiado la cara de venganza por la de susto, miedo y pánico y me decía que pasaba millones de ir con Máximo y que me esperaba allí. Pero le debí dar mucha pena, porque echó a andar detrás de nosotros.
Total, que empezamos a recorrer pasillos y escaleras y aquello parecía el Gran Prix... Y yo tenía miedo y Espe gansa de matarme... Y llegamos a presencia del Doctore, que me miró el brazo y sonrió. Y mientras Máximo abría un botiquín del tamaño de la maleta que me llevé a Bolivia para tres meses, el Doctore agarró su wakie-talkie y dijo una frase breve de la que Espe y yo sólo entendimos: "Ambulancia".
Sólo diré que Espe se salió de la consulta, se apoyó en la pared y la oí pensar: "Cuando salgamos de aquí, sí que vas a necesitar ambulancia..." Depués creo que hizo unas referencias a mi familia, pero no creo que fuese pensando en cómo contactar con ellos...
En fin, que Máximo se afanaba en aplicarme una cosa fría en el brazo que escocía. Sólo me quejé una vez. Le dije a Espe: "Nena, esto me escuece mucho". Me miró, puso los ojos en blanco y me dijo: "Pues te jodes". Y me jodí, pero con la boca cerrada.
Quince minutos después entendimos que de la ambulancia sólo querían el recetario, para extenderme una receta bajo el sello del estado Vaticano para un triste tubo de pomada...
Con mi receta en la mano, Máximo chasqueó los dedos y apreció un nuevo gorila, más pequeño que Máx (en este punto ya había confianza) lo cual era bastante fácil, al que le dijo que acompañara a las ragazzas.
El mini gorila nos dijo que si queríamos volver a la audiencia con el Papa. Espe lo agarró del traje, lo levantó seis centrímetros por encima del suelo y le dijo: "Uscita, salida, exit, como quieras llamarlo pero sa-ca-nos-de-a-quí". Sí, lo dijo así, pero lo que le hizo al pobre gorila sólo lo pude ver yo.
Y salimos del auditorio. No por la puerta de atrás, si no por la siguiente. Y había unso guardias suizos pensando en por qué habíamos salido de allí. Pero no nos preguntaron nada, porque Espe los miró y se les deshicieron las lanzas de hierro, asíq ue prefirieron darnos paso hacia la Plaza de San Pedro.
Después nos enteramos que los museos vaticanos (que era lo que realmente habíamos planeado ver y no una audiencia con Bene) estaban a dos kilómetros de allí... Sólo quiero recorar de ese día que después de comer y comprobar que lo de las dos horas de cola para entrar a lso museos era mentira cochina, Espe volvió a hablarme.
Ese día casi pierdo la vida y a una de mis mejores amigas. Eso sí, con el tiempo la muy perra se rie contando esto y niega que no me hablara, pero vamos, prometo por la chepa de Máximo que dejó de hablarme alrededor de cuatro horas.
Y cuatro horas en un país extranjero sin que tu única compañía te hable, son muchas horas...
En mi defensa diré, que me asusté cuando el policia me preguntó dónde íbamos y creí que enseñarle el brazo aceleraría el proceso de salir de la audiencia sin pistolas de por medio... Pero no, parece ser que el enseñar justo el brazo no es lo que acelera las cosas...
EA!
Aunque por un momento ambas nos vimos con los grilletes puestos y a doce mil personas tirándonos piedras de las más antiguas del mundo por suspender la audiencia del Papa y desalojar el auditorio, superamos bastante bien el shock que supone ser escoltadas por los intestinos del Vaticano.
Hoy casi lo tenemos todo superado, pero os aconsejo que nunca nunca nunca le digais a Espe "Doctore, ambulancia".

martes, 14 de octubre de 2008

Habemus medicus (primera parte)

Pues nada, a petición popular y dedicado especialmente a Cris (paso de llamarte muydecepcionada en mi blog, que tenemos que ir cambiando cosillas y lo primero va a ser ese nick, vale?) os voy a contar, en unos cuantos fascículos para que no se haga largo, cómo acabé conociendo al médico del Papa, Benedicto XVI en el Vaticano este verano.

Espe y yo, que estamos un poco locas, decidimos irnos cinco días a Roma. Así, con una mochila al hombro, una oferta que encontramos en Internet y mucha ilusión. Organizamos los cinco días perfectamente. El miércoles tocaba Vaticano. Todo el día en el estado independiente dentro de la ciudad de Roma.

Nos levantamos a las siete de la mañana, desayunamos en el hotel (fantástica la oferta de Internet, fantástica) y nos pusimos en marcha.

Nos subimos en le primer autobús que tenía pinta de ir al Vaticano. Tenía pinta de ello porque iba llenísimo de gente y porque delante, ponía que iba al Vaticano. No tenía perdida... o sí. Una vez dentro le dije a Espe que la mejor estrategia era bajarnos donde se bajara el grupo de monjas, que seguro que iban al Vaticano, pero me dijo que no, que había una parada al final del todo que se llamaba P. San Pietro, que seguro que la “P” era de Piazza, y la Piazza de San Pietro es la plaza del Vaticano. Pues nada, hasta el final que nos vamos. Íbamos de juerga, como siempre. Pero el autobús se iba quedando excesivamente vacío, así que en una mirada furtiva por la ventana nos dimos cuenta que ya se veía el Vaticano. Lo malo es que se veía alejándose… Nos hemos pasado. Claro, la última parada era la estación de tren de San Pietro, no la Piazza de san Pietro. No pasa nada. Total, ya llevábamos dos días caminando como perras, por andar un poco más no nos íbamos a morir.

Pues nada, nos bajamos y caminito del Vaticano parando en las fuentes romanas que vienen de vicio cuando son las nueve de la mañana y la temperatura ambiente e s de 30 grados a la sombra con un 60% de humedad. Ojú! No he sudado más en la vida. Como entendí en esos momentos el que los gladiadores y los guardias romanos fuesen todo el día en chanclas y falditas cortas de tablas!

Llegamos al Vaticano. No teníamos ni idea de por dónde se entraba exactamente. La única información que teníamos es que mi madre nos había contado que en el Vaticano siempre había unas colas horribles. Y vimos una marabunta de gente haciendo cola. Y dijimos, pues aquí será. Esta gente estará esperando para entrar. Vamos a buscar el final de la cola. Después de quince minutos andando decidimos que el final de la cola estaba justo en Móstoles y que lo mejor sería un poco de picardía para colarnos.

Todo el mundo llevaba unos cartoncitos marrones. ¿Y eso qué será? Encontramos un grupo de españoles. Le preguntamos. Nos explican que están haciendo cola para la audiencia con el Papa… Uhhhh, nosotras no tenemos audiencia, no? Pero para entrar qué hay que hacer? Pues ponerse aquí. Pero no tenemos entrada! Da igual poneos por ahí!

Se nos escapan los españoles y nos quedamos tiradas… Vemos un grupo de croatas. La monja croata estaba repartiendo entradas a su grupo. Y mi amiga Espe que es mu echá pa’lante se tira encima de la monja. Un placaje perfecto. Le intenta explicar en un correctisimo español qué dónde se pueden conseguir las entradas. La monja se lleva un susto de muerte y cree ver en mi amiga al mismísimo demoño! Así que acudo yo con mi inglés de Burgos a salvar la situación y le digo a la monja: “Tickets? Where?” Y la pobre señora se agarra a sus entradas y nos empuja echando de su lado a lo que ella pensaba que era la encarnación del mal. Nos quedamos con cara de tontas y un amable croata del grupo nos engancha del brazo y nos mete en la cola. Le explicamos con nuestro mejor inglés que dónde se recogen los tickets para poder entrar. Nos señala donde y nos dice qué si los hemos reservado. Y le digo a Espe: “Mira, eso en la oferta de Internet no venía, te lo prometo”. Nos quedamos con cara de pena y le decimos que no sabíamos que había que pedir las entradas antes. Nos dice que cuántos somos en el grupo. Le decimos que, hombre, amigas tenemos muchas, pero que hemos venido solas. Nos sonríe ampliamente el señor y nos dice: “Os voy a dar dos entradas para vosotras”.

Mira, más felices que unas castañuelas! Nos cuelan en la cola y nos dan entradas! Miramos el cartoncito marrón que nos había regalado y resulta que era para una audiencia con el Papa… Uhhhhh! Antoña! Dónde vamos las dos de Cuenca de audiencia? Muy fuerte! Si nosotras sólo queríamos entrar en el Vaticano! Pues bueno, ya que estamos, vamos pa’dentro!

La cola, donde recordemos que nos habíamos colado, tardó una hora y media en dejarnos llegar a los controles de seguridad por donde teníamos que pasar. Una vez allí, después de casi perdiésemos la respiración varias veces a causa del embotellamiento que se produjo y de que la monja croata nos mirara muy mal por haber entrado antes que ella gracias a sus tickets y a habernos colado con su grupo, conseguimos llegar hasta un guardia suizo (que por cierto van muy graciosos vestidos pero con unas lanzas que quitan el hipo) que nos indica que tenemos que ir hacia un auditorio que había al otro lado de la plaza del Vaticano, que era dónde nosotras queríamos ir.

Y desde la puerta de ese auditorio vimos como la gente pasaba libremente por la parte frontal de la plaza de San Pedro. Sin colas, sin controles ni guardias suizos. Chica, Espe, es que somos tontas… Resulta que para entrar al Vaticano ni hay que hacer cola ni nada. Sólo que nosotras nos habíamos infiltrado en la audiencia con el Papa que era en un auditorio… Un show. Y Espe diciendo: “Si es que por aquí no pasa la máquina de recoger paletos y claro, no nos ubicamos”

De repente, entramos en un auditorio enorme, lleno de gente que cantaba en varios idiomas y que hondeaban las banderas de distintos países. Nos quedamos alucinadas. Buscamos un sitio para sentarnos y nos juntamos con un grupo de mejicanos que cantaba no sé que cosa de la Virgen de la Guadalupana. Y nosotras flipando… Y va y me dice Espe: “Esto no van a ser los museos vaticanos ehhh”. Toma, claro que no! De eso ya me he dado cuenta!

Estábamos haciendo fotos sin parar, hasta que un señor con una pistola más grande que mi cabeza viene a decirnos que tenemos que sentarnos ya…

Y aquí lo dejo… en la próxima entrega veremos, si no sabes torear, pa qué te metes y nunca hablar con la policía porque no sabes dónde puedes acabar…

lunes, 6 de octubre de 2008

Haciendo crecer la cola

¿A qué suena fatal? Lo sé. Y me encanta.
Pero nada, no hacerse ilusiones. Que la cola que he conseguido hacer crecer ha sido la del paro.
Hoy me he enfrentado a mi primera vez. En la cola. En la del paro, cohones!
Me he acordado de Pol y de sus frases de 0.60 cts. Porque he odio unas cuantas de ellas, como la de "Es que la hostelería es mu sacrificá"; "si es que yo pa estudiar no valgo y claro algo hay que hacer"; y la mejor de todas: "Cómo está todo, oiga".
Cuando he llegado tenía que sacar mi turno de una máquina. Y claro, se me ha notado que era mi primera vez en semejante cola... Había un montón de botones y yo no sabía en cual tenía que hacer cola (más aún, porque una vez superada la cola de coger el turno, tienes que hacer la cola de lo que corresponda). Y me he puesto nerviosa. No sabía si quería prestaciones, contratos, ofertas, renovaciones... Había un tímido botón que tenía dos opciones. Y claro he dicho, mira, por probabilidad si cojo este tengo más posibilidades de acertar porque ofrece dos opciones y el resto de botones sólo una. Y ahí que he puesto el dedo. Y me ha dado un papelito que ponía R136.
Y me he sentado. porque ha salido un número precedido de una "R" y era el R107 y me he dado cuenta que lo mejor era sentarse.
Me ha hecho gracia casi todo lo que ha pasado por allí.
La verdad es que yo no me quería apuntar al paro. Y si me llaman para trabajar? Con lo agusto que estoy yo haciendo mis cosas!! Pero bueno, mi madre lleva como cinco años diciéndome que me apunte al paro y por no oirla... En realidad es que me voy a montar una empresilla guapa y luego me contrata un colega y nos sale todo mucho mejor si yo estoy apuntada al paro.
Mientras esperaba a que me tocase el R136 me he puesto a leer el papelillo del número. Abajo, en letra pequeña te da los buenos días, te dice a la hora que has sacado el papelito y la gente que va por delante de ti. Decía que había 21 personas delante de mí. Bueno, han despachado a esas 21 personas en 40 minutos no está mal... Atienden a más que en el médico.
El caso es que por fin ha salido mi numerico en la pantalla de los numericos y me he ido a la mesa que me indicaba la pantalla.
Y he llegado allí y me dice un señor que qué quiero. Pos yo qué sé señor... Si yo he venido porque me lo han dicho...
- Es que es l aprimera vez que vengo, quiero apuntarme a esto del paro
- Pero nunca has estado apuntada al paro??????? (Cara de asombro y de bonica del tó que tú ya tienes una edad)
- Pues no. Pero sí que he estado dada de alta. Que yo he trabajado!!!
- Hombre... (faltaría más le ha faltado decir...)
Total, que le buen hombre se ha puesto a teclear y ha decidido contarme cómo se hacía todo el proceso ("Ahora F5, no, no F3, eso. Ahora aquí tu nombre y F5, claro... F8... intro... intro... y sí, F8 otra vez)
Cuando ha terminado de poner mis datos por ahí en vaya usté a saber cuántas bases de datos, me dice:
- Y entonces, ¿quieres ofertas de empleo?
Y me ha dado un vuelco el corazón... Ofertas? Ojú, señor usté qué dice? Ofertas? Noooooo, yo no quiero ofertas!!!
Ha visto mi cara de espanto y ha preguntado otra cosa:
- Entonces quieres apuntarte por cursos de formación?
Yo? Formarme? Le parece a usted que tengo poca forma? Si tengo más curvas que le muñeco de Michelín buen hombre!!! Qué formación? Qué dice?
- No, no, si yo es que estoy estudiando!
- Pero tú a qué has venido?
- A apuntarme al paro, coñe, que ya se lo he dicho a esto del paro!!!!
Y me han explicado que no podía ir sólo allí a decir que me apuntaran... Así que no sé exactamente cómo pero me han apuntado con no sé qué muy bajito para que no me llamen para trabajar o algo así.
No me he enterado. El caso es que me hacen hacer cosas que yo no quiero hacer y cómo acabo? Pues haciendo más cosas que no quiero hacer. Porque ahora resulta que tengo que ir a una reunión informativa sobre empleo. Pero qué me van a adecir del empleo a mí y a todos los que tenemos que ir? Pues 1) que no tenemos, 2) que busquemos y 3) que todo podría ser peor.
Joer que yo no quiero ir a que me hablen de empleo!
Al fina me van a llamar a trabajar y adiós a seguir engordando la cola. Del paro. Que era lo único que me hacía ilusión, estar en la cola del paro un rato...