martes, 16 de septiembre de 2008

A veces pienso

Parece mentira, ¿verdad? Pues sí, a veces pienso.
Anoche pensé muchas cosas. Demasiadas.
Casi nadie lo sabe, pero tengo un lado oscuro. Y anoche estaba especialmente molesto. Quería salir e imponerse en mis pensamientos. Eso no es bueno, porque cuando algo se impone en tus pensamientos, se acaba materializando en conducta observable (de donde se deduce que toda la conducta es observable y eso es indiscutible, que me ha costado cinco años de carrera y uno de doctorado entenderlo).
Toda la conducta es observable. Vaya. Eso es bueno para el común de los mortales, que ni lo sabe ni le interesa. Para mí es tremendamente desagradable.
Tengo la sensación de que puedo conocer a las personas más de lo que las personas desean mostrar. Y eso me tiene harta. No me gusta. Me hace daño unas veces y me separa de la gente otras. No me gusta.
Anoche pensé que tenía que esforzarme más. Tengo que dejar de escuchar. Debo aprender a oir, sólo oir. Porque es desagradable intentar cambiar las cosas sabiendo cómo van a salir. Quiero decir, que llega un momento en el que todo está claro en mi cabeza. Descubro sin esfuerzo alguno cómo se van a desarrollar los acontecimientos y toda mi parte racional cuadra argumentos, acciones y secuencias perfectas de cómo serán las cosas. Y sin embargo hay un hilo, un finísimo hilo que me estira de las visceras e intenta con todas sus fuerzas que yo siga intentando cambiar los acontecimientos. Pero sé que no. Sé que ya está todo resuelto y empiezo a darme cuenta antes que la propia persona, cómo va a actuar, qué le va a pasar y cómo va a acabar todo.
Y sin embargo durante todo el tiempo que voy viendo cómo las cosas suceden tal y como dicta la razón (y la ciencia, para que engañarnos) el puto hilo sigue encogiéndome por dentro, sigue tirando y tirando. Hasta el día en que me cuelgo medallas por haberlo sabido desde antes del principio.
Ese día le saco brillo a la teoría de la conducta, desempolvo los estímulos que para mí eran discriminantes y para otros o no eran, o eran casualidades, o eran actos a los que se empeñan en llamar "sin sentido" y automáticos". Me pongo un pin, una estrellita en la frente, un azucarillo... y dejo de esforzarme en el que el hilo siga tirando. Dejo que se rompa y que todo caiga de golpe al suelo. Sonrío mucho, me doy palmaditas en la espalda y dejo de respirar.
Aguanto la respiración, porque me da igual. En el momento que tengo las vísceras en los tobillos, ¿qué más me da respirar o no?
Y otra vez a pensar. A pensar en que si ya lo sabía, por qué me dejo engañar.
A veces pienso que, por mucho que duela, me gusta. Es mi particular manera de relacionarme con la vida. Saber lo que va a pasar y esperar lo que no va a pasar.
A veces pienso mejor. Pero es que mi lado oscuro lleva molestando desde ayer y, al final, he dejado que asome una mano.
Tranquilos, esto es sólo cuando asoma una mano y no va a salir nada más, o eso pienso...

3 comentarios:

Alejandra dijo...

Lo árabes y por si te sirve de algo dicen que todo está "maktoub" que viene a significar que todo está escrito previamente y que no hay nada que hacer para cambiar el destino.
Eso está bien, sobre todo, para no hacer nada por cambiar nada. Resulta cómodo a la larga.
Y sobre todo, te justifica hasta el tener juanetes y morir en el camino.
Besotes.

Marta en Bolivia dijo...

Jajajaja. Yo no creo que todo esté escrito. Creo que llega un punto en el que no puedo hacer nada porque ya sé lo que quieren las personas. Sé lo que van a decidir antes de que lo haga. Y es un asco.
Por mucho que me empeñe en cambiarles... Bueh!
Que da igual, que me lío yo sola y no me sé explicar.
Gracias por pasarte por aquí pretty!

Anónimo dijo...

BUeno solete: espero encontrar los ratitos para acompañarte en este trance... esto de "caparme" la conexión a internet en el curro... en fin espero llegar despejada por las noches.
Besetes mil.
Mañana nos vemos